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Una vez que el huevo estuvo bajo
el cielo, esperé por varios días
hasta que llegó la lluvia, momento
en que empezó a agitar y moverse.
La lluvia pasó poco después y no
pude ver ninguna diferencia con
el huevo. Pensé en retirarlo del
lugar y buscar otro método para
hacerlo eclosionar, pero luego


recordé que los dragones son
seres que requieren una gran
cantidad de tiempo para crecer.
Decidiendo no apresurarme, dejé
el huevo reposar bajo el cielo
lluvioso durante varios días.

¡Mi decisión fue muy acertada!
El huevo del dragón fue de golpe
alcanzado por un rayo, eclosionó
y ahora estoy en posesión de un
dragón joven. Tendré que escribir
otra entrada en otro momento
para describir mis experiencias
con este nuevo amigo.
